En la actualidad vivimos rodeados de conflictos; en los titulares de los periódicos generan más impacto las noticias negativas que las positivas; la sociedad nos exige un ritmo de vida acelerado; vivimos buscando la aceptación social y nos preocupamos más por gustar a los demás que a nosotros mismos; etc. Se podría seguir poniendo ejemplos que reflejan cómo la realidad que nos rodea nos está alejando de una armonía personal y social; pero lo que se pretende con este ensayo es reflexionar de manera conjunta sobre lo que uno puede hacer para alcanzar esa paz.
La sociedad en la que vivimos es cada vez más globalizada, aunque no por ello más abierta. Nos exige una capacidad “multitasking” que nos lleva a estar en mil cosas y a la vez en ninguna, ya que no nos detenemos a reflexionar ni a profundizar. Esto impide focalizar nuestra atención en algo o en alguien y, por ello, se podría decir que nos hemos transformado en personas menos abiertas, porque hemos llegado a perder esa capacidad de escuchar al que tenemos más cerca aun estando conectados con alguien que esté en la otra parte del mundo. La escucha, el atender y el comprender son tres requisitos imprescindibles para saber dialogar, entender al otro y llegar a una paz que vela por un bien común. Hoy en día, el diálogo que permite llegar a este acuerdo común, se ha olvidado; ya que prima más la regla del más fuerte, no ceder en nada ante el otro. Quizás por eso, las guerras no terminan; porque el poder no da paso al diálogo y por ello solo existen ganadores y perdedores.
Sin ir más lejos, centrándonos en nuestro día a día, podemos decir que no tenemos ni tiempo ni momento para poder parar, mirar y reflexionar sobre lo que realmente queremos en nuestra vida y en la vida de los demás. Esta aceleración nos hace estar continuamente pendientes de lo que tenemos que hacer después sin fijarnos en lo que estamos haciendo ahora. El vivir en el futuro nos crea una inseguridad de no poder controlar nuestras acciones, que en ocasiones nos quita ese equilibrio, armonía o paz. Da la sensación de no estar viviendo nuestra propia vida, de que no somos nosotros quienes controlamos nuestros momentos, sino que parece que son ellos quienes tienen las “riendas” de nuestra vida.
Ahora bien, ¿es la sociedad en la que vivimos la que nos quita la paz o somos nosotros mismos quienes no nos preocupamos en buscarla? Es cierto que no podemos cambiar radicalmente la forma en que vivimos pero sí podemos dedicar parte de nuestro tiempo a hablar con nosotros mismos, preguntarnos si nos gusta o no lo que tenemos, si lo que hacemos es para que se cumpla lo que queremos en la vida y si realmente tiene un sentido o se encamina hacia lo que buscamos; es decir, ¿somos nosotros quienes dirigimos nuestra vida o la vida nos dirige a nosotros? Tener un conocimiento sobre nosotros mismos y saber por qué y para qué queremos lo que queremos, nos da una libertad personal, un equilibrio, una armonía, una tranquilidad y una paz interior para saber vivir con coherencia y aprovechar esos momentos que te da la vida pese a las distintas circunstancias externas que trae consigo. Por eso, sabemos que es posible vivir en paz en el siglo XXI, porque no depende de un siglo en concreto sino de cómo viven las personas en esa época.
Al escribir este ensayo en grupo, nos hemos dado cuenta de la cantidad de aspectos que configuran la paz: desde las relaciones sociales a las relaciones inter e intrapersonales. Hemos hecho un breve resumen en estas 600 palabras pero han quedado muchos más ideas en el diálogo que tuvimos y que creemos que nos han enriquecido un poco más. Dejamos una foto de lo que apuntamos para poder realizar esta reflexión.
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