Hace unos días le pregunté a un
amigo mío: ¿y tú a qué le tienes miedo?
Él me miró un poco sorprendido por la pregunta y me dijo muy seguro de sí
mismo: “Yo, a nada” y yo pensé para mis adentros “no me lo creo”. Soy de las
personas que piensa que todos tenemos miedo a algo, ya sea a las arañas, o a algo
más abstracto como la soledad o miedo a tener miedo, como dicen algunas de las
preciosas frases que leemos a diario en Instagram.
Considero que a lo largo de nuestros días es imposible que
jamás salgamos de nuestra querida zona de confort y experimentemos ese
nerviosismo, expectación hacia lo nuevo o rechazo hacia lo extraño. Da más
seguridad aquello que consideramos próximo a nosotros, semejante, incluso
podríamos decir normal. Pero la pregunta que me hago constantemente cuando
alguien habla de algo normal es: ¿qué es en realidad normal? Sí, de acuerdo la
propia palabra lo dice, lo que se considera norma o regla social, pero a mí la
palabra normal me suena a alguien o algo que no quiere salirse de la habitual
para pasar desapercibido y no resultar algo raro ante los demás. Por ello creo
que deberíamos admirar más a aquellas personas que no les asusta ser diferentes,
es más buscan serlo, y no mirarles como un bicho raro, sino tratar de
conocerles y por qué no, averiguar qué es para ellos “normal”.
Es curioso, cuando conocemos a
alguien por primera vez, la primera información que recabamos de manera incluso
inconsciente es a través de su forma de vestir y, más adelante, por su forma de
hablar o expresarse. A partir de ahí nos
hacemos una idea de cómo es la otra persona, aunque a veces nos equivoquemos
soberanamente. A lo que me refiero con esto es que la primera impresión y la
apariencia de una persona es lo primero que observamos, y de ello hacemos uso muchas
veces para creer que no tenemos nada que ver con esa persona, únicamente por el
modo de vestir, creemos ingenuamente que no tenemos nada en común. Puede que estemos
cerrando puertas a conocer a alguien
excepcional por el mero hecho de que su apariencia es totalmente opuesta
a la nuestra, por eso creo que tal vez deberíamos apartar los estereotipos que
guardamos en nuestra cabeza y tener la mente un poco más abierta y estar dispuestos
a conocer a personas de todo tipo,
cualquier nacionalidad o edad, porque
desde mi punto de vista los estereotipos son bastante cerrados, se basan en lo
meramente superficial y se quedan en meros prejuicios lejos de la realidad. Por
ello otra vez quizá esté hablando otra vez de miedo, miedo a lo diferente.
Ya, ya sé que seguro que habréis
oído la frase de ”si todos fuéramos
iguales el mundo sería muy aburrido”, pero, es que es totalmente cierta, si
todos vistiéramos exactamente igual, actuáramos y opináramos igual, nadie
destacaría por nada, ninguna cualidad de ninguna persona nos parecería
excelente, porque todos los demás ya la tendrían.
¿Mi consejo? No tengas miedo o
sientas rechazo hacia personas porque creas que son raros, simplemente son
diferentes a ti, o tú diferente a ellos,
pero de todas formas… nadie ha dicho que eso sea malo,¿no?
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